Me llamo Javier

150 150 Entrepatios

Me llamo Javier y me han pedido que os cuente un cuento. Allá voy:

Érase una vez la historia de un joven de treinta y cinco años que se llamaba… se llama Javier, como yo.

Javier vive en un mundo en el que hay muchas, muchas personas con supercapacidades.

  • Supercapacidad para hacer operaciones matemáticas super complicadas. Además saben escribirlas y todo.
  • Capacidad para los deportes.
  • Capacidad para relacionarse y hacerse amigos/as rápidamente.
  • Capacidad para hablar de sus cosas.
  • Y muchas otras capacidades.
  • Pero en ese mundo de personas con supercapacidades les faltaba una capacidad que no sé si nunca habían tenido o que habían perdido. Hablo de la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas, tales como pasar una tarde cocinando con Javier u oyendo música con él.

Otra capacidad que no tienen es que les guste la diversidad, la comprendan y la compartan.

Javier se esforzaba mucho y mucho para ser también un “supercapacidades”, pero por mucho que lo intentaba no llegaba a ser admitido del todo por ellos.

Todo el esfuerzo venía de Javier. Aprendió a ir solo en los medios de transporte, a cocinar, a ser bastante autónomo, a resolver por si solo problemas que se le plantean en la vida cotidiana. Pero todo esto no era suficiente para que los supercapaces le incluyeran en las cosas que hacían ellos.
Entonces un día le hablaron de que existía otro mundo llamado “entre patios” donde vivían un grupo de personas extrañas a los que, aunque tenían también supercapacidades, les apetecía mucho compartir cosas con él.

Entonces Javier se puso a hacer planes esperando que en realidad fueran capaces de pasárselo bien con él y que pudieran disfrutar de sus ricas comidas, trabajando juntos en la huerta, arreglando una bicicleta o simplemente viendo una película u oyendo música.

Entre esos sueños estaba que le pudieran esperar de vez en cuando si se retrasaba en los paseos en bicicleta.

Javier ha puesto muchas esperanzas en ese “entre patios” que Carmena tiene que firmar para la construcción y en que se den cuenta de que compartir con él puede ser tan divertido como hacerlo con cualquiera.

Además puedo aportar sensibilidad y mi bonita sonrisa.

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